En un escenario atravesado por transformaciones tecnológicas, nuevas formas de contratación y cambios en las dinámicas laborales, una problemática silenciosa empieza a ganar protagonismo: el edadismo laboral. Se trata de la discriminación por edad en los procesos de selección, una práctica que rara vez se expresa de forma explícita, pero cuyos efectos son cada vez más visibles. En particular, impacta en personas mayores de 40 o 45 años que buscan reinsertarse en el mercado laboral. 🔎 Cómo opera el edadismo hoy A diferencia de otras formas de discriminación, el edadismo suele manifestarse de manera indirecta, a través de señales sutiles pero persistentes: Estas prácticas construyen un sesgo que limita las oportunidades de un segmento con alto valor profesional, muchas veces sin que exista una justificación objetiva. ⚖️ Prejuicios vs. realidad Detrás del edadismo persisten creencias que no siempre reflejan la realidad del mercado. Entre los prejuicios más frecuentes se encuentran: Sin embargo, la evidencia en el día a día laboral muestra otra cara: los perfiles con mayor experiencia suelen aportar compromiso, estabilidad, pensamiento estratégico, capacidad de resolución y habilidades interpersonales sólidas. 📉 Impacto económico y social El edadismo no solo afecta trayectorias individuales, sino que también genera consecuencias más amplias: En contextos como el de Argentina, donde el empleo formal ya presenta desafíos estructurales, esta problemática no solo limita oportunidades, sino que profundiza la desigualdad. 🧠 Una discusión que recién comienza El edadismo empieza a instalarse como un eje clave dentro del debate sobre el futuro del trabajo. A medida que la población activa envejece, la inclusión de trabajadores mayores deja de ser solo una cuestión de equidad para convertirse en una necesidad productiva. Desde una mirada profesional, la Lic. Mayra Padilla —especialista en empleabilidad y optimización de perfiles laborales— plantea que el desafío no está únicamente en la edad, sino en cómo los candidatos se posicionan frente al mercado actual. “Hoy el mercado laboral no descarta únicamente por la edad, sino por la falta de adaptación a las nuevas formas de búsqueda y presentación profesional. Muchas personas con gran experiencia quedan fuera no por lo que saben, sino por cómo lo comunican”. En esta línea, destaca la importancia de herramientas clave como: “La experiencia sigue teniendo un enorme valor, pero necesita ser traducida al lenguaje actual del mercado. Cuando eso sucede, las oportunidades vuelven a aparecer”. 💡 Mirar la experiencia como valor, no como límite El desafío hacia adelante no solo interpela a quienes buscan empleo, sino también a empresas y reclutadores. Apostar por equipos diversos en edad no es solo una decisión inclusiva, sino una estrategia inteligente. En un mercado que cambia constantemente, la experiencia no debería ser vista como un obstáculo, sino como una ventaja competitiva.
Alimentación en el trabajo: más de 8 de cada 10 trabajadores argentinos enfrentan vulnerabilidad alimentaria
Un informe reciente del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) encendió una señal de alerta sobre una realidad que atraviesa a gran parte del mundo laboral en Argentina: el 83,5% de los trabajadores asalariados presenta algún tipo de vulnerabilidad alimentaria durante su jornada laboral. El estudio, realizado sobre 1171 trabajadores formales de todo el país, muestra cómo la alimentación durante el trabajo se ha transformado en un indicador directo del deterioro del poder adquisitivo y de las dificultades económicas que enfrentan los trabajadores. Según los datos relevados, solo el 16,5% de los trabajadores logra cubrir adecuadamente sus necesidades alimentarias durante la jornada laboral, mientras que el resto se ve obligado a ajustar la cantidad o la calidad de lo que consume. Saltear comidas: una práctica cada vez más frecuente Uno de los datos más preocupantes del informe es que el 61,1% de los trabajadores reconoce haber tenido que saltearse alguna comida durante su jornada laboral por motivos económicos. Dentro de ese grupo: La situación se vuelve aún más crítica entre los trabajadores jóvenes. El estudio señala que 7 de cada 10 personas entre 18 y 29 años omiten alguna comida durante su jornada laboral, en muchos casos debido a los salarios iniciales más bajos. Comer peor para poder comer Además de reducir la cantidad de comidas, muchos trabajadores también modifican la calidad de su alimentación. El informe indica que el 78,5% de los trabajadores ha tenido que optar por alimentos más económicos y menos nutritivos como forma de ajustar el gasto diario. En paralelo, casi uno de cada cuatro trabajadores directamente no consume ningún alimento durante su jornada laboral, una situación que refleja el impacto que tiene el costo de vida sobre los hábitos cotidianos. El costo de comer en el trabajo La investigación también evidencia que alimentarse durante la jornada laboral implica un gasto importante. Este escenario transforma a la alimentación en un costo que presiona directamente sobre el salario real. La mirada de Recursos Humanos Desde la perspectiva de Recursos Humanos, este fenómeno plantea desafíos que trascienden lo económico. Para la Lic. Mayra Padilla, especialista en gestión de personas, la alimentación durante la jornada laboral no debería considerarse únicamente un asunto individual, sino también una dimensión del bienestar laboral que impacta en la salud, la productividad y la calidad del trabajo. “Cuando una persona se saltea comidas o reduce la calidad de su alimentación, no solo se ve afectada su salud, sino también su energía, su concentración y su bienestar emocional durante la jornada”, señala. En ese sentido, Padilla advierte que comprender estas realidades es clave para que las organizaciones puedan diseñar entornos laborales más humanos y sostenibles, donde el bienestar de los trabajadores sea parte de la estrategia organizacional. Una demanda creciente entre los trabajadores El informe también revela que 8 de cada 10 trabajadores estarían a favor de recibir algún tipo de aporte de su empleador para la alimentación durante la jornada laboral, con libertad para decidir cómo utilizarlo. Para muchos especialistas, este dato refleja que la alimentación en el trabajo ya no es percibida solo como un beneficio, sino como un aspecto central del bienestar laboral. Alimentación, trabajo y bienestar La investigación concluye que mejorar las condiciones de alimentación durante la jornada laboral no solo impacta en la salud de los trabajadores, sino también en la calidad del trabajo y en el desarrollo de organizaciones más saludables. Desde la mirada de Recursos Humanos, comprender estas dinámicas permite avanzar hacia modelos laborales que integren productividad con bienestar, reconociendo que detrás de cada puesto de trabajo hay personas que también necesitan condiciones básicas para desarrollarse. La alimentación durante la jornada laboral ya no puede pensarse únicamente como un hábito individual, sino como una dimensión que refleja las condiciones reales en las que trabajan millones de personas. Desde la mirada de la Lic. Mayra Padilla, especialista en Recursos Humanos, comprender estas dinámicas es clave para construir organizaciones más conscientes del contexto social en el que se desarrollan. “Detrás de cada indicador económico hay personas que trabajan todos los días. Pensar el bienestar laboral también implica preguntarnos en qué condiciones básicas están sosteniendo su jornada”, señala. En un escenario donde los datos muestran que gran parte de los trabajadores enfrenta dificultades para alimentarse adecuadamente durante el trabajo, el desafío para las organizaciones y la sociedad es claro: poner nuevamente a las personas en el centro del mundo laboral.